IGLESIA DE LA GRACIA DEL SEÑOR JESUCRISTO

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Salmo 131 – Madurando en la fe

 

Este breve Salmo de David relata la experiencia de un hombre que ha madurado en Cristo, que ha sido santificado y puede ver en su ser la gracia del Señor.  Este hombre ha aprendido de Cristo, que dijo: “aprended de mi que soy manso y humilde”.

v1 Jehová, no se ha envanecido mi corazón, ni mis ojos se enaltecieron;
    Ni anduve en grandezas,
    Ni en cosas demasiado sublimes para mí.

Contrariamente a lo que alguien puede pensar, este primer versículo no muestra en nada jactancia o arrogancia, por el contrario, es una oración sincera a Dios, le dice que su corazón no se llenó de vanidad, que sus ojos no fueron altivos y que no actuó con una ambición o arrogancia en búsqueda de cosas que no le correspondían.

Pocos hombres pueden orar esto; algunos lo harán hipócritamente,  algunos en ignorancia de los pecados que no ven en sí mismos, sin embargo por la gracia de Dios, por la vida de Cristo manifestada en sus hijos, algunos podrán decirlo con confianza a su Padre Celestial.

“Feliz el hombre que puede, sin falsedad, usar estas palabras como propias, porque lleva la semejanza de su Señor” Charles Spurgeon

Vean que este primer versículo, menciona el corazón, los ojos, el el andar. Empieza con el corazón porque es el centro de nuestro ser, de él manan los pecados de todo hombre. Si allí hay orgullo, todo nuestro ser será contaminado.  Sigue con los ojos, que son la ventana del cuerpo.  Ojos altivos vienen de un corazón altivo, los ojos que miran a otros con soberbia son abominación a Jehová.  Finalmente, el andar de una persona revela su valores. Quien va detrás de sus ambiciones terrenales aunque estas no sean lo que Dios quiere comprobará en carne propia la vanidad de su corazón.

En verdad que me he comportado y he acallado mi alma
Como un niño destetado de su madre;
Como un niño destetado está mi alma.

El que ha madurado a aprendido a comportarse (versículo 2) ha aprendido a combatir con el amor a este mundo. Sabe luchar contra los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida (1 Juan 2:16). No por eso se cree ya grande o totalmente maduro, se sigue considerando “niño” pero niño destetado, no es más niño de pecho.

Sabe esta persona acallar, sosegar, tranquilizar su alma.  En otro momento, hubiera desesperado, hubiera llorado y gritado como un bebé de pecho hambriento, clamando por leche, para que se la provean de forma inmediata. Pero ahora, ya es como un niño destetado; no hará un descontrol, ni llamará la atención para recibir lo que quiere; ha aprendido a esperar y sabe que hay un Padre celestial en los cielos que conoce su necesidad por lo tanto puede estar en él confiado.

Luego de toda esta enseñanza ilustrada del salmista, vienen las palabras a la congregación, motivando a esperar en Dios. Eran para el Israel de David, es también para la Iglesia del Señor.

Espera, oh Israel, en Jehová,
Desde ahora y para siempre.

Preguntas de reflexión:  ¿Has madurado de bebé de pecho a niño destetado? ¿Te descontrolas y lloras ante cualquier necesidad como si el mundo debe girar alrededor de ti o esperas confiado sabiendo que tu Padre Celestial proveerá para tus necesidades en el momento oportuno?

Gracia y Paz

Pastor Adrián Passarelli

 


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