El Deber de Santificar el Nombre de Dios
Hoy veremos el deber que se nos exige, el cual es honrar el Nombre de Jehová, o como bien nos lo enseñó nuestro Señor en la oración modelo: “Santificar el Nombre de Dios”.
Hoy veremos el deber que se nos exige, el cual es honrar el Nombre de Jehová, o como bien nos lo enseñó nuestro Señor en la oración modelo: “Santificar el Nombre de Dios”.
El Tercer Mandamiento tiende a ser uno de los más distorsionados, o bien, reducidos en su utilidad. Es por eso que para muchos en este mandato lo único que se prohíbe es jurar, o literalmente usar el nombre de Dios al lado de una palabra corrompida.
Porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, 6 y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.
Lo que no está ordenado en la adoración está prohibido”. Este Principio derivado de las Escrituras, afirma de forma correcta que Dios ha revelado en Su Palabra.
Podríamos decir que el Principio Regulador de la Adoración no es más que la expresión de la Sola Escritura aplicada en la vida de la Iglesia, y más específicamente a la adoración que Dios requiere de ella.
Aunque los primeros dos Mandamientos están claramente relacionados, sin embargo, hay también una clara diferencia entre ambos.
Es necesario que comprendamos la función que desempeña la Ley en relación con la gracia manifestada en el Evangelio. No reconocer la relación y la diferencia entre la Ley y el Evangelio conduce a errores.
La adoración se entiende de manera más completa como interrelación entre la acción divina y la respuesta humana: la adoración es la respuesta humana ante la revelación personal del Dios Triuno.
No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.
Muchas cosas se nos requieren en el Primer Mandamiento; pero podríamos resumirlo en el amor a Dios. Este Mandamiento nos muestra el deber de amar a Dios más que a cualquier otra persona o cosa.